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Hacia el encuentro con lo diverso

Los duelos de las personas inmigradas

La inmigración tiene sin duda un fuerte impacto en la vida de las personas que cruzan las fronteras de su mundo, y además de las cuestiones económicas y de integración social, es importante también considerar los impactos psicosociales de los proceso migratorios. Partir de un sitio y empezar una vida en otro lugar, independientemente de los motivos y causas del proceso migratorio, implica siempre elaborar lo que se dejo a tras, hacer duelos.

Los duelos afectan a las personas inmigradas en su proceso de llegada e integración psicosocial en el país de acogida. Joseba Atxotegui(8) tiene una clasificación bastante interesante de los duelos de la emigración que sufren las mujeres inmigrantes, pero que creemos poder ser extendidas a las personas inmigrantes; la describimos a continuación: 
  • El duelo por la familia y las amistades: la separación de unos hijos/as pequeños que reclaman muchas veces dramáticamente su presencia o la distancia respecto a sus padres (por veces ancianos y enfermos) producen sentimientos de culpa difícilmente superables, en particular para las mujeres por su tradicional asunción del trabajo reproductivo.

  • El duelo por la lengua: la lengua, la cultura, las tradiciones, la tierra, representan el entorno en el que la niña y el niño desarrollan su inteligencia y su capacidad emocional. Los asocia con los recuerdos de felicidad de la infancia y al perderlos, sienten que pierden a la vez su pertenencia a ese mundo.

  • El duelo por la cultura: en el concepto de cultura, se incluye también una forma determinada de ver el mundo, de cómo comportarse en el. Lo que en un país es cortesía en otro puede no serlo. Y muchas veces, la confrontación de dos sociedades distintas produce más fricciones que la propia necesidad de acomodación en sí. La alimentación, los olores, la forma de vestir, los colores o el sentir del tiempo de unas sociedades con otro concepto de productividad entran en contradicción con la de los países europeos.

  • El duelo por el estatus: cuando se plantea la posibilidad de emigrar, la mayoría de las personas lo hacen con perspectivas de mejorar su estatus social o personal. La realidad es distinta y muchas mujeres y hombres inmigrantes con estudios medios o superiores en su país de origen se ven abocadas a aceptar trabajos de estatus social muy inferiores a los que ostentaban en su tierra.

  • El duelo por el contacto con el grupo étnico: si la identidad étnica no es más que un elemento más de los que conforman la identidad, como el género, la identidad generacional, la identidad de religión, de clase social, etc., ésta tiene que ver con la pertenencia a un grupo claramente definido. Tanto por parte de la población de la sociedad de acogida como por parte de ciertos sectores de la población inmigrante, este rasgo de identidad puede chocar frontalmente y dar pie al conflicto. La pertenencia a una comunidad étnica determinada para él o la inmigrante supone, de nuevo, un obstáculo más a su participación en la sociedad de destino.

  • El duelo por los riesgos físicos: los riesgos para la integridad física o la salud mental de las personas inmigradas son numerosos: el propio viaje de salida (como en el caso de las personas sursaharianas o magrebíes que entran al país en pateras), o las mujeres que son captadas por redes mafiosas para la prostitución; las condiciones de vivienda una vez en el país de destino; una alimentación deficiente y unos riesgos laborales extremos son sólo una muestra. Los casos de violencia sexual a mujeres que viven en condiciones de hacinamiento o promiscuidad no deseada, la propia violencia racista o de género que derivan en problemas psicológicos son frecuentes. Además, es cada vez más referido que a lo largo de los últimos años, se ha incrementado de manera considerable el índice de consultas por depresiones y otras patologías relacionadas por parte de las personas inmigrantes.